El Vendedor Jamás Tiene Que Regalar Su Producto

En cierta ocasión un hombre a quien llamaremos “Martin”, tuvo un deseo increíble de ser médico. Se había pasado un año entero viendo películas de médicos y deseaba hacer lo mismo que los médicos de las películas. Él quería vestir esa bata blanca, ser admirado por todos, conservar la calma en situaciones límite, salvar vidas y obtener la admiración de hermosas enfermeras.

Pero había un problema. Martin no tenía dinero.

La vida había sido “dura” con Martin, así que este hombre tubo una “idea genial”, algo tan “sencillo” que se preguntaba “¿Por qué no se le había ocurrido a todo el mundo?”. Así que Martin decidió acudir a la universidad y pedirle un crédito a la misma universidad para poder pagarse los estudios de medicina.

Era un plan alocado, pero Martin tenía una gran suerte. El decano de la universidad era amigo suyo, ambos habían crecido juntos en el mismo barrio y habían jugado juntos durante toda su infancia. Así que Martin utilizó su amistad y la lastima para hacer su solicitud al decano.

Al principio el Decano se negó.

– Si quieres ser médico, haz como los demás alumnos – le aconsejó el decano – Trabaja después de las clases para pagarte los estudios, o pide un crédito a un banco y ten con ellos la deuda. Hacerlo de esa forma es bueno, porque si tu deseo de ser médico es fuerte y sincero, trabajarás con gusto para pagar tus deudas y llegarás a ser médico de forma honrada.

el vendedor 2

– Amigo mío – contesto Martin – Me encantaría hacer eso, pero a mi edad es muy difícil que me den un trabajo, las cosas están muy mal, y como no tengo nada los bancos no me concederán un crédito. ¿Por qué dudas? Hemos crecido juntos, somos como hermanos, tú puedes hacer que la universidad me conceda ese dinero como si fuera una beca. Yo te doy mi palabra de que seré el mejor estudiante que jamás han tenido. Y luego cuando sea médico les devolveré el doble de lo que me den. ¿No tienes confianza en el sistema educativo? Tú sabes que un médico gana mucho dinero y puede pagar esa deuda en poco tiempo ¡Vamos cree en mí!

Al decano no le gustaba mucho el asunto, algo dentro de sí mismo le decía que había algo “turbio” en eso de que fuera el vendedor quien pusiera el dinero para pagar el producto. Si una sola de las partes ponía el producto (la educación) y el dinero que costaba el producto ¿No salía esa parte doblemente perjudicada?

Todos los médicos que salían de aquella prestigiosa universidad conseguían su título a base de esfuerzo y sacrificio, eso era lo que aseguraba que luego serían unos buenos médicos, porque conocían el precio que había que pagar para serlo.

Es cierto que había algunos estudiantes que eran “afortunados”, que poseían unos padres ricos que les pagaban los estudios. Pero el 90% de los estudiantes venían de familias pobres, y tenían que trabajar en varios lugares al mismo tiempo para poder pagarse los estudios por sí mismos.

La razón del decano le decía que no debería prestar el dinero, pero al final las súplicas de Martin le ablandaron el corazón y le concedió ese crédito. Durante 4 años Martin estudiaría en la universidad. La matrícula, los Libros, el alojamiento, la comida y los demás gastos de Martin los pagaría la universidad. Y luego, cuando Martin fuera médico, pagaría todo lo que debiera.

Martin estaba incluso dispuesto a pagar 10 veces más de lo que debiera! Pero el decano era un hombre justo y dijo que sólo tendría que abonar el dinero exacto que debiera.

Así que Martin consiguió engañar al decano para que le diera tanto el producto, como el dinero que costaba ese producto. Y así Martin empezó sus estudios con mucha fuerza. Estaba muy ilusionado. Pero pronto su empuje inicial comenzó a flojear.

Los estudiantes de medicina no ven a un paciente hasta el tercer año. Esto se hace así porque los estudiantes de primero y de segundo aún no tienen suficientes conocimientos como para ayudar a nadie. Así que se pasan esos dos años estudiando datos y más datos. Martin tenía que aprenderse todos los huesos y músculos del cuerpo. Tenía que aprenderse el nombre de mil enfermedades, tres mil síntomas y cinco mil productos químicos. Y eso le aburría terriblemente…

Así que Martin hacía trampa. Se pasaba las tardes en su apartamento, viendo esas series como Dr. House que tanto le gustaban, y luego copiaba en los exámenes pues llevaba notas ocultas con las respuestas escritas.

En una ocasión sus profesores le descubrieron copiando y le mandaron a ver al decano.

El Decano se enfadó mucho “Te lo estamos pagando todo y aun así haces trampa!”

Martin se echó a llorar “¡Juro por lo más sagrado que no lo haré más!” – Le dijo – ” Lo que pasa es que todos esos huesos y músculos son muy aburridos ¡El sistema educativo tenía que ser distinto! Lo que yo quiero es ver pacientes!”

El decano era un hombre bueno, y creía que Martin había hecho trampa sólo esa vez, así que lo perdonó porque no sabía que Martin se pasaba todas las tardes en su apartamento mirando esas series de doctores y siempre hacía trampa en todos los exámenes.

Por fin Martin llegó al tercer año de carrera y comenzó a ver pacientes. Pero aquello no era como se veía en las películas. A Martin le asqueaba toda aquella gente enferma y quejándose. Odiaba tener que mancharse las manos de sangre, y tenía miedo de que alguien le pegara alguna enfermedad.

Pero Martin tenía ya mucha práctica en hacer trampa sin que lo descubrieran. Así que siguió estudiando y finalmente terminó su carrera y consiguió su título de médico.

El decano estaba totalmente engañado pues no conocía las mentiras de Martin, así que se sentía muy orgulloso de su amigo.

– Bueno – dijo el decano – recuerda tu promesa, ahora tienes que pagar la deuda que tienes con la universidad. En cinco años podrás hacerlo.

– ¿En cinco años? – Preguntó Martin – ¿Tanto tiempo? ¿A cuánto asciende mi deuda?

– A exactamente $ 60.OOO dólares – explicó el decano – Y no es mucho, a algunos alumnos les cuesta mucho más dinero, sólo que como lo van pagando mientras estudian, mes tras mes pues no se dan cuenta.

Martin se marchó preocupado, ese pedazo de papel que tenía entre las manos le había costado $ 60.OOO dólares ¿Realmente merecía la pena? Entonces comenzó a buscar trabajo de médico y como tenía un diploma y la recomendación del decano lo consiguió.

el vendedor 3

Pero aquello no era como en las series de la televisión. Martin había hecho trampa en todos los exámenes, así que era un mal médico y siempre cometía errores muy peligrosos. Cuando llegaba un paciente urgente, Martin perdía los nervios. En las series los médicos no se veían salpicados de sangre real y los enfermos no les tosían sus virus encima. Además las hermosas enfermeras despreciaban a Martin porque se notaba que no tenía ni idea de lo que hacía.

Así que Martin perdió ese trabajo. Y casi le denuncian por negligencia.

Martin buscó otro trabajo, y le volvieron a despedir.

Y busco otro trabajo ¡Y lo despidieron de nuevo!

Parecía que cada vez duraba menos en los trabajos. Así que finalmente se olvidó de ser médico. Decidió que lo que quería hacer era “ser actor”.

Los actores podían salir en las películas aparentando ser héroes. Para eso no hacía falta tener valor solo había que saber fingir y Martin sabía hacer eso muy bien. Además como actor Martin podría conseguir la admiración de jóvenes hermosas.

Un día el decano llamó por teléfono a Martin:

– ¿Qué es lo que ocurre? – preguntó el decano – Ya hace un año que tienes tu título, y aún no has enviado ni un dólar como pago de la deuda que tienes con la universidad. ¿Qué pasa?

– ¿Qué pasa? – Dijo Martin – ¡Que eres un estafador! Me cobraste $ 60.OOO dólares por un título que no sirve para nada.

– Martin ¿Qué me estás diciendo? – preguntó el decano sin poder creérselo – Tú eras quien quería ser médico, yo confié en ti y te di el crédito! ¿No recuerdas como me llorabas en mi despacho jurando que me pagarías?

– ¡Pues no pienso pagarte! – Exclamó Martin enfadado – ¡Me engañaste! Yo creía que ser médico era otra cosa. Pero es un trabajo lleno de responsabilidad, estoy siempre lleno de presión, siempre corro el riesgo de que me peguen alguna enfermedad mortal y todo el mundo te odia.

– ¿Estás loco? – Exclamó el decano – Conseguiste tu título con tanta facilidad que no sabes apreciar lo que tienes. Ser médico es un trabajo precioso. Dedicas tu vida a salvar la vida de los demás ¡Curas a los enfermos! Y cuando haces bien tu trabajo, consigues una admiración sincera y bien formada. ¿Recuerdas lo que te dije hace cinco años en mi despacho? ¡Tenía que haber dejado que pagaras tus estudios por ti mismo, así apreciarías lo que tienes. Pero contrajiste una deuda con la universidad y la vas a pagar.

– ¡Ah no! No pienso pagarla – exclamo Martin – Son ustedes los que tienen que devolver 4 años de mi vida que he perdido por su culpa ¿Valen eso $60.OOO dólares? ¡Son ustedes los que tienen que pagarme $ 60.OOO dólares! ¡Quiero que me compensen estos años que me han hecho perder!

El decano no podía creer lo que oía.

– Comprendo que he cometido un error – dijo finalmente el decano – He hecho perder a la universidad los $60.OOO dólares que te preste. Además, le he hecho perder otros $60.OOO dólares pues ese es el precio de la formación. Así que he perdido tanto el producto como el dinero que cuesta ¡He perdido dos veces! Ahora comprendo porque el sistema se hace de esta manera y porqué el vendedor no tiene que darle el dinero al comprador. Ahora comprendo porque el cliente tiene que conseguir el dinero por otro lado. Ya sea pidiendo un préstamo a un banco o consiguiendo un trabajo extra. Es el cliente quien tiene que pagar el producto.

Naturalmente, la universidad llevó a Martin a juicio y Martin terminó en la cárcel. Pues lo que había hecho era un delito.

Luego Martin aún en la cárcel, aun cuando había sido declarado culpable por el juez, seguía insultando al decano y a la universidad desde su celda: “Son unos Estafadores” – decía – “Me han robado 5 años de mi vida y me han vendido un trozo de papel por $60.OOO dólares ¡Ladrones!”

Varias veces me ha pasado en algún negocio, o con algún producto que promociono, que aparece alguna persona y me dice “Oye, porque no me lo das gratis que yo luego te pago”… y siempre me acuerdo de esta historia de Martin.

Antes de terminar te invito a ver este video de 2 minutos, donde explico porque la falta de dinero es una excusa.

Clic Aquí

0 Comentarios

Deja tu comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

*

Time limit is exhausted. Please reload CAPTCHA.